viernes, agosto 10, 2012
Furia
Pero al menos el humor lo tengo intacto.
Te muestro los dientes.
martes, mayo 08, 2012
Unwound
Anoche, 3 y pico de la mañana, terminé Unwind, mi cuarto libro escrito por Shüsterman.
Me fui a la cama, la nariz tapada de mocos, la garganta inflamada, los cachetes salados, y me hice un bollito abajo de las frazadas.
Hoy me levanté y empecé a limpiar. Puse la música que más me gusta.
Perturbada. El cerebro me hace ruido. Unwind no me suelta.
Alguien alguna vez dijo que el trabajo de un buen libro no es tener respuestas sino hacer las preguntas. Bajo esa consigna, éste es un excelente libro. Lo cerré con la cabeza llena de incertidumbres donde pensé que había tomado mis posturas, el espíritu intranquilo por los parecidos entre el mundo real y ese tan increíble, la conciencia un poco sacudida. Las ideas desalineadas, las emociones desarregladas. Toda descolocada.
Me siento desgranada. Un poquito rota. Sin respuestas, y extrañamente en paz con admitirlo: no sé.
Me voy todavía abatida, batida? debatida? devastada? desbastada?
sábado, septiembre 24, 2011
Día 15
Me dormí armando en nítido detalle una historia horriblemente trágica.
Me levanté re-contra tarde.
Me comí dos sánguches de salame y queso con sendas tazas de chocolatada de almuerzo tardío y detrás, medio pan dulce, una barra de chocolate y medio paquete de maní salado.
Con sueño 5 horas después de levantarme, y algo descompuesta por la “comida”, me entro a bañar para ver si me despejo. En vez de relajarme, puteo la cortina del baño porque se vuela hacia adentro de la ducha con el vapor.
Hago cuentas mentales.
Todo joya con el poder de la mujer, pero el desorden alimenticio es frustrante, y el mal humor hormonalmente inducido no solo más que irritante, es auto generante: me enojo porque todo me molesta. Si hoy hubiese sido jueves, y hubiese tenido que esperar el 160 todo ese rato, habría sido la idiota que se sienta en el cordón a llorar.
30 horas de changüí antes de la clase del lunes... Mañana salgo a correr.
lunes, mayo 30, 2011
Blanco enfermizo
Me redirigió acá (para los que no quieren ir, la página se llama catchtheboucket... y con eso digo todo)
Confieso que miré lo bastante como para encontrar un par de diseños interesantes, pero aún tratando de esquivar mentalmente las implicaciones del color (trad: hacé de cuenta que son verdes), me sentí... disminuida. Mentalmente digo. Parte despreciativa, parte curiosa, algo defensiva. Totalmente en guerra conmigo misma. Por sobre la batalla, lo que predominaba era cierta sensación de nausea, producido más que nada por el tono del texto: un híbrido entre vendedor de autos usados y maestra jardinera.
En todo caso, lo que me quedó fue un seguro horror por el circo. Es decir, los vestidos son lindos. Me gustan los vestidos lindos (soy mujer, y segura en mi misma lo suficiente para admitirlo). El... teatro?. No.
No. Veo en mi futuro hermosos vestidos, verdes, azules, violetas, bordeaux y negros. Y van a entrar en la categoría de formales y de fiesta carajo.
domingo, noviembre 09, 2008
Como agua para chocolate
La cocina de mis tías, donde aprendí los secretos de la familia, de la preparación de confituras y el horneo de tortas. La cocina de mi casa, con la hornalla siempre prendida bajo la pava, el horno roto, la mesada llena. La cocina de mis amigas en la anticipación de una cena-fiesta-reunión.
Y por sobre todo, la cocina de mi abuelo, siempre grandes, siempre en calma, con esa sabiduría y paz que dan los años y el saber que se está donde se debe. Porque ahí aprendí sobre la paciencia, y a volver a empezar si (y cuando) algo (o todo) sale mal. Y a cocinar con amor.
Porque desde la receta a comprar los ingredientes, a cortar y preparar y luego cocer, todo el ritual es una tonada pacífica y sin pretenciones, que olvida todos los problemas de mundo. Preparas para otros, y es un acto de cariño y sevicio.
Como en el libro "Como agua para chocolate" desde la receta y la comida se cuenta la vida, desde cada cocina en que estuve puedo recordar la mía.
jueves, junio 19, 2008
Cadaver bonito
Por morir haciendo lo que te gusta.
Por la familia que quedó.
Por el segundo en irse.
Por los que todavía no caemos.
Por el humor negro y el morbo de los amigos.
Por el pedazo de recuerdos que quedó como anestesiado.
Por un ícono de mi adolescencia.
Salud.
miércoles, abril 09, 2008
Hormiga soprano
Escucho la 9ª Sinfonía de Beethoven y, 5 minutos 10 segundos antes del final, las sopranos llegan a un tono (notesé tono, no volumen) que increiblemente acopla con mis parlantes (que quien los conozca sabe que no es tarea fácil). Peli de la vida del tipo presente, en jirones algo fantasmas en el fondo de la memoria, pienso en la escena donde ensaya con los principales coreutas ("¡No!, ¡No! ¡Más alto!).
Joder con un tipo sordo que puede crear algo que a los que escuchamos nos haga sentir hormigas. Peor, hormigas conmovidas, que se sentirían orgullosas de poder cantar un fragmento (ni pensar en componer la cosa completa).
domingo, marzo 09, 2008
Dorado
jueves, noviembre 01, 2007
Outcasts
Después de contar alguna que otra anécdota frustrante, empezamos con las de revancha, y por ahí Lucas acotó: "Al final, a nosotros siempre nos va mejor que al resto después". Mi vieja le contestó que no siempre, y yo le creí: ella ha tenido más tiempo para comprobarlo. "Bueeeno... pero casi...", retrucó Lucas. "Depende de si logran hacer amigos y quien los rodée", intenté yo. Mi vieja dio la cosa como zanjada con su filosofía de que todos tenemos por lo menos una pequeña parte que es intrínseca y que no tiene que ver con nuestro entorno. Mi respuesta se disolvió en mi boca cuando mi hermano se puso a contar alguna travesura. Todo lo que había pensado era muy largo de explicar y estaba apelmasado y mezclado en mi cabeza, como humo en un remolino.
No es que al final seamos mejores que los niños mimados y populares de nuestra infancia, es que salimos del colegio templados a fuego y hielo. La resistencia que ganamos aguantando los insultos de nuestros "opresores" y las pequeñas traiciones diarias de los que se hacían llamar nuestros amigos, la fuerza que hicimos para seguir adelante e intentar una vez más hacer amigos, cada vez algo mejores, se nos volvió hábito y naturaleza después de tanto años.
Tantas posibilidades de derrota que evadimos, tantos fracasos de los que aprendimos, y heridas de las que sanamos hicieron que saliéramos del pequeño infierno que para nosotros era la secundaria al "gran mundo" con alma guerrera. Aquellos que no lo lograron, que se volvieron amargados y resentidos, simplemente dijeron basta para adentro y nunca para afuera, se dieron por vencidos y fracasaron, no sólo porque la hayan tenido difícil (eso en gran parte), sino porque se quedaron con eso.
Para nosotros que decimos, riéndonos a carcajadas pero con las cicatrices escociendo, que fuimos los oprimidos pero que lo decimos en tiempo pasado, "creo que he visto una luz al otro lado del río" es más que una letra de canción. Y no es que las cosas se nos hyan vuelto más fáciles (digamos que más grande el tanque, más grande el depredador), pero pasamos de conformar compañeros que no queríamos y aprobar materias que no nos interesaban, a encontrar gente con nuestros mismos gustos y a perseguir metas autoimpuestas. A la fuerza y resistencia sumamos pasión y ganas. No triunfar es propia responsabilidad.
domingo, septiembre 30, 2007
Engaños
Y en esto es que me quedé pensando porque, en mi lectura, había una mala perfecta que puso en un parlamento lo que a mi ver, más allá de lo retorcido, es el reflejo de cómo actuamos las mujeres. Para poder manipular a su antojo, para que la gente le creyera a ella en vez de a su víctima, su táctica era simple y muy gráfica: "Si ves a un leon, y al lado a un ciervo herido, ¿quién es el culpable?(...) En la guerra entre mujeres, la primera en llorar gana."
Probablemente suena horrible (es horrible), e imposible, pero yo lo leía y me acordaba de las leyes básicas de la comunicación. La primera y casi única ley universal que existe en la comunicación entre seres humanos es que uno se dispone a escuchar creyendo que el otro va a decir la verdad, o de otra manera no hay comunicación. Puede que a las dos palabras decidamos que nos equivocamos, pero empezamos creyendo e incluso cuando ya por experiencia desconfiamos de alguien, y de entrada sabemos que nos pueden mentir, nuestro cerebro se dispone inconcientemente a creer y esperar (una especie de "inocente hasta que se demuestre lo contrario" en automático), por si en una de esas era solamente "buen día" o "te olvidás el paragüas".
Entonces, ni por tontos ni por inexpertos, ni por sabios ni cascoteados, o muchas veces engañados, somos inmunes a quedar enredados en alguna mentira. Si además somos medio inocentones, la primera impresión hace mucha mella.
Si acabamos de conocer a un par de personas y vemos a una de ellas llorando y a la otra enojada, gritando sin compasión, tendemos a ablandarnos por la pobre alma en pena sin saber. Cuando dos mujeres pelean en una sala llena de gente y una se larga a llorar, la otra puede darse por perdida. Nadie va a creerle a menos que conozca la situación de antemano, o van a pesar que es demasiado cruel. Tooodos somos taaan compasivos cuando vemos al debil llorando.
Y sí, el león a simple vista parece culpable. Pero hay que ver qué es lo que hace el ciervo con sus cuernos y cascos.
jueves, septiembre 13, 2007
13
Pero "hoy" tiene gusto a fracazo, y "mi cumple de mañana" trae olor a tristeza.
miércoles, julio 25, 2007
Amarga noche de Retiro
En todo caso, no es peor que la partida, que tuvo aparejada además dolores de cabeza, nervios, corridas y falta de sueño. Porque cuando me quise ir para Trenque, además del sabor amargo, tuve que cargar también con la frustración de no tener colectivo hasta la mañana siguiente.
El jueves llegué a Retiro doce menos diez, después de haberme levantado a las 4 de la mañana, después de enterarme que Fontanarrosa se había muerto, después de haber corrido todo el día para una entrega que me cascotearon de todos los ángulos, después de cargar un bolso, una mochilota y toda mi amargura, mis contracturas y mis esperanzas, para enterarme que el último colectivo que iba a Trenque había salido hacía 10 minutos. Jamás pensé tanto en el dicho "para tarde es temprano y para temprano es tarde" como cuando en todas las boleterías me contestaron que el próximo servicio era a las 6 de la mañana.
En fin, que si creen que Retiro es un lugar bizarro, prueben verlo de noche. Lo menos, un zoológico: gente durmiendo en las sillas, a cual más feo, viejo, sucio, triste, cansado y gris; un par de empleados limpiando el piso justo por donde tenés que pasar; un iluso como una recorriendo las boleterías sin resignarse, a la caza de un servicio por el que no haya consultado, algo más temprano, una combinación, un colectivo que se pase, un milagro, una esperanza, algo; un librero aburrido que te invita a tomar un café para matar una hora de espera; un flaco arreglando un cajero que te pregunta si sabés donde está el otro, el que está roto, que tiene que tener al lado a una vieja sentada, porque este no es; un mozo que barre porque la noche es larga y los escasos clientes se duermen en las mesas; un par de mendigos que miran una peli doblada en los flamantes televisores de monedas (muy bizarro); un tipo que pasa una lustradora enorme que hace un ruido que a lo lejos parece que gritaran un gol laaargo que saliera del televisor de la confitería, donde un par de viejos semi dormidos miran jugar a la sub20.
viernes, mayo 04, 2007
Soplo de optimismo.
Anoche por primera vez desde que me vine a estudiar, por primera vez desde que lo decidí, por primera vez, pensé en dejar la carrera. Sentí una angustia enorme cuando escuché ese nivel menos, que no fue el primero, pero que me derrumbó como ningún otro.
Hace 15 días que remo sin descanso, que vivo descompuesta de nervios, que duermo mal por acostarme pensando en lo que tengo que hacer al día siguiente, que no me doy un momento de esparcimiento sin culpa. Y todo para llegar a un nivel menos, a que no alcanza, a que todavía falta.
Y todo se hizo trizas adentro de mi cabeza. Y pensé en qué pasaría si dejara todo, si me pasara, por ejemplo, a medicina, con materias en las sé que sí soy buena. Y con toda mi angustia pesandomé me fui a la parada del colectivo, decidiendo comerme el chocolate que, por una casualidad muy grande había comprado más temprano, durante el viaje de vuelta. Hasta me pintaba sentada contra la ventana, la epítome de la mina deprimida sublimando con comida. Quería meditar ese arranque con azucar como calmante de por medio.
Sentada contra la ventana, comiendo el chocolate y pensando ya en cómo me sentiría si tuviera que decir que en medicina iba dos años atrasada, considerando otras posibles carrera a las que pudiera entrar más rápidamente, rompió el hilo una cara conocida. Entre las últimas personas que se subían apretujadas, la última de todas era Pame. La Pame de la que me estuve acordando toda esta última semana. La Pame que trabaja, y que me contaba que despacito estaba haciendo tres materias más, y que había largado SRG en el verano, y que Dani estaba re vaga, y que se re cansaba, y que sentía culpa cuando se divertía, y que con todo seguía, y que se daba cuenta de que tener a alguien conocido y querido al lado te representa un apoyo enorme.
Y entonces me sentí más tranquila. Por mitad de Aeroparque ya estaba centrada, y todo deseo derrotista se había esfumado como por arte de magia, porque alguien entendía, alguien ponía en palabras todo lo que yo sentía sin amargarse, alguien compartía mis miserias y me mostraba el secreto para no parar.
Pame apareció para ser la persona conocida que necesitaba para apoyarme y para hablar. Algo grande arriba me la mandó. Un pequeño soplo de optimismo en la forma de una amiga.
martes, enero 02, 2007
Round 21
Salimos con Fran en el auto a dar una vuelta, y me gustó mucho ver a la gente sentada afuera, las casas totalmente cerradas por vacías, las que estaban totalmente abiertas a la calle, rebalsando de gente. La noche tibia, el aire fresco.
Pasamos por las casas de los amigos para ver quién andaba afuera. Tapera. Y una luz que prometía reunión pero que mi culpa no me dejó aceptar.
No sabía que hacer. Me entraban mensajes de número desconocido que pensé que eran de Flor y terminaron siendo de la Flaca. Dimos vueltas en el auto por el centro, haciendo tiempo hasta las tres para ir a Coco. Hasta fuimos a la Petro, porque pensé que podía matar el tiempo saludando a la Tati. Después me acordé que iba a estar en el ACA. Ni daba. La Monferrand tuvo gusto a derrota.
Ya ni quería salir. Pensé en terminar de frustrar todo por mi cuenta en ese momento y lugar de una vez y acostarme a dormir. Sólo 100 metros me alcanzaron para pensar que no quería eso. Que quería pelear por mi inicio de año, y que hasta ahora era yo la que venía frustrando las cosas. I guess 'till then I took it all for granted.
Me callé, observé, tomé lo que me tocó y comprobé que mi pálpito era correcto. Swallow it up girl, you deserve it.
No fue tan malo. I only regret my timing.
Al mediodía siguiente fue el almuerzo con los abuelos. Apacible como el de Navidad, hubo incluso un par de bonus extras que me gustaron. No pensé que uno podría llegar a decir que extrañé lo apacible.
Let's keep on strugling.
Ah, si, (and just to keep on the record) este es el post Nº 100.
jueves, diciembre 28, 2006
Paz
Con algo que era más lluvia que amague, y las abuelas adentro con los amigos, nos comimos el postre con unas cervezas.
Brindis, mantecol, estrellitas. Unas cervezas más en el patio. Y mi celular que no sonaba.
Llamada, despedidas, besos. Una vuelta larga para llegar a lo de Caro.
Una conversación apacible para matar el tiempo.
Una vuelta por Coco. Encuentros, saludos, algunas peinadas, y una pasada por la puerta que de tan apretada nos dejó a todas girando sin entender nada ni encontrar a nadie.
Un poco de cel en la vereda, reencuentro y vuelta.
Unos mates de desayuno en casa algo raros, con todas cansadas, la Negra enojada y mi hermano algo en pedo dormido mirando tele.
Almorzamos con los abuelos, todos con pocas horas de sueño y la mitad del hígado con paro en las funciones. Fiambres, ensaladas, sidra, champagne, chocolates y nueces. Mucha sobremesa y una siesta con esa sensación de pasividad que te da un estómago muy lleno.
Fue la Navidad más apacible de mi vida.
viernes, noviembre 17, 2006
Huesos, piel y sal
Hace dos años que cada algo así como dos meses hago este viaje de vuelta a mis pagos, y la sensación nunca cambia.
Es bueno volver a casa.
jueves, noviembre 09, 2006
Pedazos
Presente, pasado y futuro chocaron en un cuarto y se sonrieron.
Ana llegó temprano y me acompañó a hacer unos mandados que quedaron inconclusos. Charlamos de nada y nos aletargamos un rato al solcito.
Por fin conocí a Germán, y nos dijimos "un gusto" al mismo tiempo. Los dos con facturas. Mates, charla casi acaparada por Ana y un par de gestos y comentarios que sólo nosotros entendimos. Siempre fui cómplice, una vez de cada lado.
Llegó Joaco, más mates, cambios de ubicación, charlas variadas, virajes, bromas. Se fueron Ana y Germán, y Joaco se quedó a devolverme pedazos olvidados de la infancia y a compartir nostalgias y sueños.
A las diez un llamado de Trenque nos devolvió al mundo y la magia se terminó.
Todavía quedan estrellitas brillantes. Recién me doy cuenta de que no dormí. Va a ser un verano interesante.
Banda Sonora: Catupecu Machu - Entero o a Pedazos.
domingo, octubre 29, 2006
Mourning
En ese momento no entendía nada. Ahora tampoco entiendo nada, y todavía no caigo.
Qué ironía. Ese mismo jueves mi mayor preocupación era la pileta tapada y el posteo que hice sobre eso...
lunes, agosto 28, 2006
Cuestión de Piel
Empezamos con Pame a las 10 (llegó a las 9, pero entre que compramos y organizamos se nos fue una hora). Dani cayó tipo 11 y media. A las 9 de la noche la acompañamos a Dani a la parada del colectivo. Eran las 12, y con Pame seguíamos cortando cartoncitos.
Y ahí empezó, o más bien siguió, la serie de confesiones y charlas de esas bien, bien íntimas, que sólo tienen las viejas amigas.
Pame es lo más.
miércoles, julio 26, 2006
Luz del alma
Cierta vez un buen profesor nos recomendó que nos impregnáramos de arte. "Miren cuadros, vayan a exposiciones, vean obras de teatro, escuchen música, buena música, vayan a ver un ballet, garabatéen mientras hablan por teléfono, recorran ferias...".
Toda mi vida he estado al acecho de la belleza del arte, consumiéndola en todas sus formas y en cantidades industriales (valga la trillada expresión). Me levanto temprano o me acuesto tarde para ver amaneceres, leo todo lo que cruce por mis manos, voy a museos, veo películas y shows de Les Luthiers, escucho música, mucha música, todo el tiempo. Sonrío y entorno los ojos, y me concentro para ver lo bello de lo que veo. Con el tiempo se me ha hecho un hábito, y sonrío mirando a la gente en el colectivo, una hoja, un edificio.
Todo ese arte... según yo lo entiendo, a la larga se te queda pegado algo de polvo de magia, una chispa. Es como si te acercaran un montón de llamas a la mecha que tenés escondida por algún lado. En algún momento algo te toca, y la mecha se enciende, y podemos convertirnos también en luz, una bomba de tiempo.
Cada vez que encuentro algo especialmente mágico, algo se mueve adentro, como un dragón que estirara las alas en mi pecho. Sé que el golpe pasó cerca, y que la mecha está encendida, y aunque muchas veces se apaga sin mayores, ya va a pasar alguna vez. Ya va a ser mi turno de iluminar.
